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Abrázame tú María; Tus gozos sean mi consuelo, Ll LLegue mi llanto hasta el Cielo Hasta que aparezca el día. Bendice mi pensamiento,
Imprégname con tu amor,
Alivia mi cruel dolor
Y mi duro abatimiento En tu seno virginal,
Como con Jesús hiciste
Y al enemigo abatiste,
Líbrame de todo mal. Protégeme de las cosas
Que me separan de Cristo,
Para estar siempre provisto
En sus manos amorosas. Dame tu virtud que ostenta
Toda la fuerza de Dios,
Que en hermosa unión los dos
Capearemos la tormenta. Rafael Marañón
SAN FRANCISCO DE ASIS POR RAFAEL AREVALO MARTINEZ San Francisco de Asís, el divino San Francisco de Asís, su camino caminaba con paso seguro. San Francisco sentía que el muro también tiene un espíritu obscuro. Y al pasar por la calle vacía de los pobres hermanos menores, se apretaba a la piedra sombría y cantaba su canto de amores. Y adelante y al lado y en pos distendía su espíritu Dios. Y pisaba a su madre la tierra y pedía perdones al cielo, cuando vio algo sagrado: una perra que lamía a un gentil pequeñuelo. Y sintió los extraños temblores que solía sentir, interiores. ¡OH divinos hermanos menores! Y cantó su canción, y es un credo que ahora enseño a los hombres que puedo.
-He pisado a mi madre la tierra con amor, ¡maternal vientre pardo , y he sentido que aquello que encierra es mi hermano. Y la ortiga y el cardo y el espíritu cruel del leopardo que empurpura de sangre su túnica y aquella alma que anima las breñas son pedazos no más de un alma única que está toda en las cosas pequeñas.
Y cuán cerca de Dios que me siento si estoy cerca de algún nacimiento. Cómo brillan, al ver florecidas a las plantas, los claros luceros; y al mirar a las perras paridas; y al oír un balar de corderos; y al sentir que a los tibios armiños de las tetas se pegan los niños.
¡OH los seres pequeños, venidos hoy al bien de la luz! Sacerdotes que afiliáis en las verdes llanadas: ¿qué hay más santo a la luz que los nidos, los cachorros, los niños, los brotes; planta y hembra y mujer fecundadas?
¡Santidad de una vaca! Ninguna más candeal de las cosas sagradas. Al sonar de los coros de toros en las noches bañadas de luna cuál responden las grandes vacadas ¡y qué coros aquellos, qué coros!
Va subiendo el compás. Prisioneros, piden madres los padres terneros al sonar las esquilas de bronces, y responde un temblor de luceros que a los hombres no entienden entonces.
En la paz de las noches tranquilas, sin dolor, cuál corréis, maternales, al oír un sonido de esquilas, claras leches de los vegetales. Y os brindáis a los pardos terneros mientras abren sus claras pupilas en la sombra los claros luceros. Y el buen santo que hincó las rodillas, santidad de las cosas sencillas- fue a besar en la boca a la perra y en el lomo besó al cachorruelo. Y al besar sucedió que la tierra se sentía muy cerca del cielo. Y a su lado y en frente y en pos distendía su espíritu Dios. Y el buen santo escuchaba aquel canto de su amor a las cosas. Ejemplo de que el hombre que es bueno es un templo, el más alto, ¡OH Espíritu Santo! Y ante él, que de Dios semejanza unas voces oía, interiores,en los ojos brilló la esperanza de los pobres hermanos menores. Y adelante y al lado y en pos distendía su espíritu Dios. Graficos, Google.com Hna. Maria del Carmen Sanchez c. RFMI. |