| SACRILEGIO DEL 4 DE MAYO DE 1897 |
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En todas las diócesis, aun en aquellas que tenían a sus prelados titulares en el exilio o en prisión, los encargados del gobierno eclesiástico dirigieron, a los fieles católicos y a sus sacerdotes, sentidas cartas o exhortaciones pastorales, en protesta y condenación de esta profanaciones y para promover fervientes actos de reparación y desagravio y condenar los atropellos inferidos contra obispos, sacerdotes y al pueblo católico. En manifiesto atentado contra los mas fundamentales derechos y libertades de la persona humana y enteramente ajenos a la civilización hallándome, a fines de Mayo de 1897 haciendo adoración a Jesús Sacramentado en el templo de San Francisco, derramando mi corazón angustiado ante su divina Majestad, pidiéndole con toda la efusión de mi alma me diera a conocer en cual de las comunidades religiosas seria voluntad de Dios el que me consagrara, viene allá una persona y me indica que urgentemente acuda a Cantuña porque el Padre Argelich me necesita.
![]() Vino a mi mente dudas, habré faltado a mis deberes como terciaria, pero la conciencia no me acusaba, ¡Bendito sea Dios! Todo esto pasaba en mi interior, mientras me dirigía a Cantuña. En presencia del P. Argelich y la venerable junta, eran las 10.h30, me explicaron el fin propuesto de hacer una fundación, en el Convento de San Diego, destinado por los Padres Franciscanos, para casa de Ejercicios, siempre que se facilitaran los medios. En cuanto al personal estaba ya nombrado y me dijeron, que también contaban conmigo por tanto que debía prepararme. Di, por toda respuesta, mis más profundos y sinceros agradecimientos, pero manifesté que siempre seria con el consejo de mi confesor. Inmediatamente…fui a San Francisco, y cuando el Señor dirige las cosas para el fin que se ha propuesto, facilita los medios, hice llamar a mi confesor, quien salió al momento y le manifesté, todo lo que ocurría. El P. Salazar, que mientras le comunicaba, guardaba silencio, ya había estado enterado del proyecto y contaba conmigo, así que nada le tomo de nuevo. Me dio el permiso, prometiéndome que el procuraría siempre que consiga mi deseo de ser religiosa.
PADRE ALBERDI PADRE ARGELICH SACERDOTES FRANCISCANOS |
SACRILEGIO DEL 4 DE MAYO DE 1897 
